El día del robo 1ra parte
Como les mencioné Samuel y Azul trabajaban y entre semana tenían casi una rutina obligada por el horario de trabajo de Samuel y por el hecho de que Azul estaba embarazada (Precisamente no estaba trabajando por eso). Samuel se iba a trabajar por las mañanas y Azul se quedaba en la casa de su mamá para que no estuviera sola. Así que, en las tardes regresaban juntos a casa para comer y realizar cualquier actividad que fuera necesaria.
Un día como esos Samuel y Azul al ir a su casa se detuvieron un momento en la tiendita de la esquina para comprar un refresco y acompañarlo con la comida, ese momento por falta de cambio y decidir de qué refresco comprarían se tardaron más de la cuenta en la tienda. Quizá unos cinco minutos.
A llegar a casa primero vieron algo muy extraño -habían marcas de llantazos en la entrada del garaje-. Su casa no tenía portón, solo barda y realmente no tenían que bajar a abrir, se metían directo al garaje. Como Samuel y Azul venían platicando y entraron un poco apresurados, solo notaron eso como algo extraño.
Sin embargo la segunda cosa extraña fue al ver que la cortina de la sala -De la ventana que da hacia la calle- estaba algo abierta. La primera reacción de Samuel fue reclamarle a Azul el hecho de que la dejará así, ya que en unas ocasiones ella la había dejado así por accidente y a Samuel no le gustaba porque se veía muy claramente el interior de su casa. Pero Azul volteó a ver a Samuel con la mirada incrédula de la situación y diciéndole con la mirada que ella no la había dejado así.
A Samuel entonces le dio una gran inquietud y bajó de su carro inmediatamente para abrir su casa. En seguida que se para frente a la puerta una sensación de angustia, temor, frustración, odio y coraje le llegó instantáneamente. La puerta y el muro estaban rotos. Sí, ambos estaban rotos, lo único que aguantó fue la chapa de esas de pasador que Samuel le había instalado “Para mayor seguridad”, jaa.
Samuel entró con cautela para ver el interior y que no hubiera ya nadie más adentro mientras su esposa bajaba del carro. En el paso por su casa vio como estaba todo hecho un desastre. Todo en el piso, muchos faltantes, chapas de cuartos rotas. El robo era inminente.
Con esa misma sensación contenida Samuel bajó y sin más le tuvo que dar la noticia a su esposa. Samuel tratando de atar cabos revisó de nuevo el llantazo, revisó varios de los faltantes y dedujo de momento que los ladrones acababan de salir no hace mucho. Entonces él pidió a su esposa que llamara a la policía mientras daba un rápido rondín por “La colonia” para ver si veía algo extraño.
No logró nada. Al cabo de unos 3 o 4 minutos Samuel regreso a casa. Su esposa aun en el teléfono tratando de pedir una patrulla discutía con la operadora que era necesario que llegaran lo más pronto posible. Con toda la paciencia del mundo la operadora dio un número de reporte y pidió que esperaran pacientemente a que llegara la policía. Luego de casi 10 minutos de llamada al número de “emergencias” por fin colgamos. Y a esperar…
Azul y Samuel entraron nuevamente a la casa para ver todo lo que hacía falta. Refri, herramientas, televisiones, computadora, ropa de Samuel, equipo electrónico, joyas, un gran número de ropitas para el bebé que estaban esperando y hasta los tenis se llevaron. En fin, el desfalco era grande.
Continuará…